Néstor Kirchner no hace política

Mientras en el Caribe los ánimos beligerantes encendidos por el saliente presidente de Colombia, Alvaro Uribe y el incombustible presidente de Venezuela, Hugo Chávez, siguen ardiendo, desde Buenos Aires, el ex presidente y diputado Néstor Kirchner, a cargo de la secretaría general de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), una entidad regional que aún aguarda la adhesión de tres países miembros, ignoró la crisis mientras sigue ampliando su vocación de poder.
Para Néstor Kirchner, que además ejerce la presidencia del poderoso Partido Justicialista (cargo al que en principio había renunciado luego del traspié que sufrieron sus aspiraciones en las últimas elecciones) la UNASUR es un trampolín desde donde lanzarse como candidato presidencial a las elecciones que tendrán lugar en Argentina en diciembre de 2011.
Prueba de ello es el destrato que mantiene con los países que constituyen la UNASUR. El último jueves de julio los países miembros convocaron de urgencia a una reunión en Quito, Ecuador, a la cual su presidente, Néstor Kirchner, sin previo aviso, faltó.
Prefirió concurrir al partido bonaerense de Esteban Echeverría, donde su hermana, Alicia Kirchner, presentó su corriente partidaría.
También había faltado a la reunión fundacional de la entidad, “Sólo voy a cumbres que considero importantes”, dijo el ex presidente argentino para justificar su ausencia de la reunión en Cuzco, en 2004, donde nació el bloque. A éste pertenecen todos los países del sur del continente, con la excepción de la Guyana francesa y las islas Malvinas.

Desde Colombia y Venezuela, se escucharon voces de reclamos por la actitud de Kirchner. El canciller colombiano, Jaime Bermúdez, presentó una protesta formal, y allegados al gobierno de Colombia criticaron “la falta de compromiso” y la falta de algún plan concreto para mediar en el conflicto. Incluso, en la reunión con el presidente electo de Colombia, Juan Manuel Santos, solo se limitó a escucharlo y no presentó ninguna iniciativa para trabajar en común.
Desde el lado venezolano también se mostró decepción por la inacción del ex-gobernador santacruceño, allí sostienen que la presencia de Néstor Kirchner en Ecuador habría generado un ámbito más favorable a Caracas y que su presencia podría haber evitado la impugnación que realizó la diplomacia de Chavez a la declaración final de la cumbre.
Por su parte  el presidente de Brasil, Lula da Silva, ya presentó un plan de paz. El documento incluye cinco puntos entre los que se cuentan el compromiso de no hacer declaraciones que agraven la situación; luchar contra grupos ilegales, especialmente los vinculados al narcotráfico; y resolver las diferencias por medios pacíficos.

Néstor Kirchner, como diputado electo concurrió solo a dos sesiones, la inaugural y la que votó la ley de matrimonio entre parejas del mismo sexo. Su conducta deja traslucir sus intenciones: mantener los fueros obtenidos como diputado (recordemos que fue electo por la provincia de Buenos Aires, justificándose por fijar como domicilio la Quinta Presidencial de Olivos que ocupó durante cuatro años); conseguir fondos y sede del Gobierno argentino para utilizar de manera discrecional y fogonear su probable candidatura como presidente.

En el artículo 10 del Tratado Constitutivo de la UNASUR se expresa:
“Durante el ejercicio de sus funciones, el Secretario General y los funcionarios de la Secretaría tendrán dedicación exclusiva, no solicitarán ni recibirán instrucciones de ningún Gobierno, ni entidad ajena a Unasur, y se abstendrán de actuar en forma incompatible con su condición de funcionarios internacionales responsables únicamente ante esta organización internacional”, sin embargo Kirchner no solo no renunció a ninguno de sus cargos, ni pidió licencia, y no tiene más interés en la UNASUR que lograr algunos titulares en los periódicos y proyectar su sombra de mediador panamericano hacia la carrera por la presidencia argentina.
Para ello el Gobierno argentino, que preside su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, dispuso mediante publicación en el Boletín Oficial, autorizar a la Cancillería argentina para que “atienda los gastos para el funcionamiento de la Secretaría General de la UNASUR”. Esto incluye la utilización de un inmueble perteneciente al Estado argentino, ubicado en la coqueta esquina de Juncal y Cerrito. En ese edificio, que lleva la firma del arquitecto Juan Buschiazzo, ultimamente funcionaba como depósito del Archivo General del Ejercito, que debió cederlo para las aspiraciones panamericanistas de Kirchner.

Cuando la discrecionalidad de quienes deberían ser administradores de la cosa pública se torna con frecuencia en arbitrariedad, la arbitrariedad en sí misma se convierte en una forma de corrupción.
Tanto el ex-presidente como la actual mandataria argentina han demostrado ampliamente su arbitrariedad y negación en la busqueda de consenso.

La elección de Néstor Kirchner como Secretario General de la UNASUR, es solo explicable en el marco del acuerdo logrado por el presidente de Uruguay, José Mujica, para destrabar con Cristina Fernández de Kirchner, el conflicto por la planta productora de celulosa que se instaló en la margen del río Uruguay, frente a la ciudad entrerriana de Gualeguaychu, que llevó a la protesta y corte del puente internacional Gualeguaychu-Fray Bentos, y que nació con la simpatía y lassez faire del entonces presidente argentino, Néstor Kirchner.

El mandatario uruguayo justificó su voto alegando buscar una mejora en las relaciones bilaterales y en el conflicto por Botnia.
“En todo el tiempo que duró el conflicto entre Uruguay y la Argentina se fue sumando a la parálisis una larga agenda de asuntos pendientes que tienen que ver con las relaciones naturales de dos países hermanados y fronterizos. Los intereses de Uruguay por acá y por allá se fueron trancando”, remarcó Mujica en declaraciones a la prensa de su país.
Es por ello, comentó, que le pareció conveniente votar a Kirchner en la Unasur respondiendo a los intereses de su país.

La falla de Kirchner está en ignorar la moral en la política. Ha demostrado que no le importan los medios sino los fines. La política como actividad humana tiene una dimensión moral que ha sido excluida de la gestión de gobierno y se ve reflejada en el nepotismo, la práctica descarada del capitalismo de amigos, la asignación arbitraria de recursos, el clientelismo político, el pantouflage y el tráfico de influencias, el lobby del círculo aúlico y la corrupción descarada y el patoterismo como herramienta de sometimiento al poder.
La política  tiene como finalidad el bien común por ello Néstor Kirchner no hace política, solo trabaja por sus intereses personales más caros: el enriquecimiento y la perpetuidad en el poder.

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